Uriah Heep, ábrete de orejas y flipa…

Uriah Heep. El nombrecito tiene tela. En inglés se debe pronunciar algo así como iuraia hiip. Y es, ni más ni menos, que el nombre de un personaje de Charles Dickens. ¿Hubiera cambiado la suerte de mis protas de hoy si se hubieran llamado de otro modo? No estoy por hacer ucronías, así que dejemos la posible-ficción y vamos a lo que interesa que es el Rock and Roll…



Será raro y todo lo que tú quieras, pero el nombre de Uriah Heep debería seguir brillando al lado de los de Led Zeppelin, Black Sabbath o Deep Purple (o por lo menos un solo peldaño por debajo). Yo no tengo la más mínima duda, y si ya les has dedicado unas cuantas de escuchas, puede que pienses como yo.
A principios de los 70 sí que tuvieron su parcela de éxito y vendieron bastantes millones de discos. Pero adolecieron de una de las características que yo creo que no casan con el GRAN ÉXITO (así en mayúsculas), y es el continuo cambio de personal a pesar de que hubiera uno o dos componentes más o menos fijos. Es algo que merecería estudiarse y cuantificarse: podríamos formularlo como que cuanto más grande es un grupo, más estable es su formación y viceversa, claro. Siempre está la excepción que confirma la regla y para eso tenemos a los Purple y sus numerosos y variados MK’s.
Pero vamos al lío. La carrera de estos chicos comienza, cómo no, en Inglaterra a principios de los 70, influenciados, cómo tampoco, por Led Zeppelin, Jimi Hendrix y Pink Floyd, entre otros.

Los componentes de Uriah Heep han variado mucho a lo largo de los años, pero el componente eterno fue (y es) el gran guitarrista Mick Box, y sus dos compinches más clásicos y añorados el vocalista David Byron y el teclista Ken Hensley. Ese fue el trío que alumbró los mejores trabajos de la banda.
Los años más interesantes de la dilatada carrera de los Heep, para mí no hay duda, son los primeros 70. Como muchos otros escuchadores, creo que esta década fue mágica para el Rock y que será difícilmente superable ya. Y si bien a las postrimerías los Heep llegarían con no demasiado fuelle, los comienzos fueron absolutamente brillantes y merecedores de estar en cualquier discografía de Rock que se precie.
El primer disco Very… ‘eavy, Very… ‘umble (1970), ya apunta maneras y es una pieza soberbia de buen Rock aderezado con motivos folk, herederos de los más fantasiosos sesenta y de los primeros dos o tres discos de Deep Purple.


El segundo trabajo de Uriah Heep es un verdadero trallazo hard-rockero-progresivo-sinfónico que se llamó Salisbury (1971) y en el que comenzamos a vislumbrar lo que estaría por venir, aunque conozco a más de uno que lo pone como su preferido de la banda.


A continuación llegó el disco con el que servidor de ustedes se inició con los Heep y al que le tengo, como debe ser, un gran y profundo cariño: Look at Yourself (1971), el tema homónimo, July Morning o Tears in my Eyes son para partirte el alma. Quizá sea uno de los trabajos más Hard de la banda hasta el momento, aunque también tiene bastante de Progresivo y Sinfónico.

No sé si he sabido transmitirlo, pero desde el primer disco la cosa va a más y no va a parar… ¡¡Porque ahora llega el soberbio Demons and Wizards (1972)!! Un discazo de Hard Rock a la altura de, qué se yo, el Fireball de Deep Purple o el Vol. 4 de Black Sabbath por ejemplo. Este disco los consagró definitivamente y les abrió la puerta de los States y el pase a un eterno world tour en el que siguen sumidos. Es un trabajo excepcional y grandioso que será muy raro que no te guste a nada que tengas las orejas medianamente bien dispuestas y las neuronas más o menos en orden.

A todo esto debo decir que los Heep de esta época son considerados predecesores directos del Heavy Metal, cuyos máximos sacerdotes se han confesado admiradores devotos de la banda.
A partir de este disco y el siguiente, el también magnífico The Magician’s Birthday (1972) que lejos de abundar en la fórmula de su cercano predecesor, vuelve de nuevo la cara al Progresivo que habían practicado en discos anteriores, la cosa se va volviendo cada vez un poco menos excitante. De hecho, estos cambios estilísticos, así como el continuo vaivén en las formaciones, acabarían definiendo el futuro de Uriah Heep.

No me paro más. Si escuchas estos discos y no te atraen, no merece la pena que sigas intentándolo; si por el contrario te conviertes en un seguidor de los Heep, seguro que sabrás por donde continuar, pues durante los setenta sacaron bastantes más discos con una calidad envidiable. Luego llegaron los ochenta, pero eso ya es otra historia…
Si te ha gustado:

2 comments

  1. Tu y yo vamos cogidos de la mano. Look at yourself fue el primer disco que escuché de ellos y es una maravilla. Por esos días yo andaba flipando con Purple y un amigo de mi hermana me lo dejó y joder como lo flipé. Tuvieron la mala suerte de coincidir con el trio de ases del metal setentero sino, hubieran sido grandes.

  2. ¿A que sí? De todas formas yo nunca me canso de recomendarlos. Y cuanto más los escucho más me gustan… ¡¡¡Son una pedazo de banda con una versatilidad y un saber hacer increíbles!!!

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.