¿Sabes? ¡Phil Lynott murió!

He aprovechado el título de la canción de Los Suaves para hacerme eco de esa frase que, allá por enero de 1986, expresada de un modo u otro pero siempre con el mismo trágico sentido, se extendió como la pólvora entre todos los aficionados al Rock que, tremendamente dolidos, nos enfrentábamos a la muerte de uno de nuestros ídolos más queridos y carismáticos. 

Su enorme talento musical  no eclipsó su estilo macarra y barriobajero, que contribuyó a otorgarle ese aura de chico malo, genuinamente rocker y que tantos blanditos han querido emular más tarde sin éxito, porque, ay amigos, en el Rock como en la vida, el hábito no hace al monje. ¡¡Y es que hasta el mismísimo Bob Dylan lo tildó de genio!!

Phil Lynott fue un auténtico rocker, en cuerpo y alma. Y sus Thin Lizzy una de las criaturas más amadas por todos los que veneramos el Rock&Roll. Una banda que fue creciendo disco a disco y que se merece estar en cualquier discoteca que medio se precie de cultivar el Rock con mayúsculas. Y es que, al margen de los cuatro o cinco discos de imprescindible tenencia,  todos los trabajos de Thin Lizzy tienen donde rascar, hasta el considerado como peor por consenso  popular, Renegade, es un gran disco; de hecho yo no comparto para nada que sea el peor, pero bueno, todas las bandas tienen su patito feo…

La historia de Lynott es de esas que fácilmente daría para un interesante “biopick” y él, como ya decía, es el auténtico rockero hecho a sí mismo en un suburbio de su Dublín natal, duro y violento cuando la ocasión lo exigía, pero también con un gran corazón y una especial sensibilidad para la música.
Su padre, un brasileño del que Phil heredaría su color de piel, abandonó a su  mujer, blanca e irlandesa, y a su hijo al poco de nacer este, con lo cual empiezan pronto las penurias para los Lynott: imaginad en aquellos años en la católica Irlanda a una madre soltera de un niño… ¡¡negro!! La presión para Philomena Lynott debió ser brutal y tuvo que pedir a su madre, Sara, que lo acogiera mientras ella se dedicaba a trabajar para la manutención de la familia. De este modo, Phil se quedaba en Irlanda con su abuela mientras su madre trabajaba en Inglaterra, ambos con el corazón roto por la separación.

Esta foto tiene una especial gracia para mi: de Peñaranda es una amiga de mi mujer y por allí estuvimos de visita hace años, cuando vi esta foto flipé bastante: ¡¿cómo coñó acabó por allí el bueno de Phil?!

En la escuela, el único niño negro de la clase, se hizo amigo de Brian Downey, quien se convertiría en batería de Thin Lizzy y único miembro inmutable, junto a Phil, de la banda; pero antes tendría que pasar, sin pena ni gloria, por dos grupos en los que no destacó demasiado, aunque ya se vislumbró su gran talento para componer canciones, como recordaría posteriormente otro amigo y compañero de grupo de aquellos primeros años, ni más ni menos que Gary Moore.

Por fin, en 1969, Phil, junto a Downey y a un guitarrista llamado Eric Bell, darían forma a la primera encarnación de Thin Lizzy, y aunque trabajaron duro, pronto se dieron cuenta de que si deseaban ser grandes tendrían que abandonar Irlanda y mudarse al país vecino para triunfar, y allá que se fueron…
Lo primero que llamó la atención de su futuro manager, Chris O’Donnell, fue la voz de Phil, aterciopelada y desgarrada a partes iguales, inimitable y única en el Rock, pero aún así el éxito no acababa de llegar, hasta que ya muy cansados de tantos ensayo y conciertos,  se dedicaron a versionar temas tradicionales irlandeses dándoles un particular tono rockero, cosa que acabó sirviéndoles de carta de presentación: os suena Whiskey in the Jar, ¿verdad?

Ese fue el primer conato de éxito de Thin Lizzy y el acicate que necesitaba Phil para echar el resto: le gustaba la fama, le gustaba sentirse querido y respetado, le gustaba ser una Rock Star y a ello se dedicó en cuerpo y alma. Pero Eric Bell no pudo soportar la presión y dejó la banda a finales de 1973; fue sustituido temporalmente por el amigo Gary Moore, que también abandonaría para seguir su carrera en solitario, y finalmente, Phil contrató a dos guitarristas con los que Thin Lizzy comenzaría su despegue verdadero: desde Escocia  llegaba el tempestuoso Brian Robertson y desde EEUU, huyendo de las drogas, el rubio Scott Gorham. Ambos, mediante sus twin guitars, darían a los Lizzy una personalidad y una fuerzas que se complementarían a la perfección con el lirismo y las melodías surgidas de la cabeza y del corazón de Phil.

Se convirtieron además, y esta es una de las cosas que siempre me han gustado de aquellos Thin Lizzy, en una pandilla, una piña en la que todos eran colegas de parranda y de peleas, a la vez que músicos profesionales. Lo mismo daba un concierto que una juerga de barra, ahí estaban todos para tocar y lo que hiciera falta…
Y por fin el destino mítico de toda banda de Rock llamaba a la puerta de Phil: en 1976 se ponía en marcha la primera gira americana de Thin Lizzy, y aunque el disco subsiguiente, Fighting, no tuvo demasiada repercusión, el bajista se puso las pilas y se sacaron un mega hit del sombrero: 6 años y 6 discos les costó a Thin Lizzy llegar al reconocimiento mundial con su ya archi-conocido The Boys are Back in Town, un tema incluido en el disco Jailbreak que era todo lo que Thin Lizzy representaban, en palabras de Chris O’Donnell: “noche  de viernes, vestido para matar, tragos, conseguir chicas y rockear”.
Jailbreak es el primer disco de Thin Lizzy que puede ser calificado de imprescindible y les supuso otro tour por los States, pero esta vez como grandes estrellas, quizá fueron los mejores momentos para los chicos de la banda, porque aunque musicalmente seguirían creciendo, los problemas tampoco tardarían en llegar. 

Los discos que siguieron Johnny the Fox, Bad Reputation, el tremendo directo Live and Dangerous y, sobre todo, Black Rose, suponen una de las cumbres más altas que ninguna banda de Rock ha escalado: genialidad, fuerza, melodías increíbles, letras interesantes, tremendos guitarrazos y canciones maravillosas, llenan esos discos a rebosar.

Pero a medida que la banda crecía, lo hacía también la presión a la que estaban sometidos sus miembros, sobre todo el arrogante y genial Lynott, que cargaba con todo el peso de su creación sobre los hombros, lo cual acabó pasándole factura; sin contar con la intensa vida nocturna que llevaba a tope de chicas, alcohol y drogas. Una hepatitis fue el primer aviso y para finales de 1976 Phil había dejado la bebida y las drogas y tenía de nuevo la mente en forma, lista para escribir nuevos temas.
Comenzado ese paréntesis, Phil se enamoró de Caroline y para el 78 nacía Sarah, su primera hija llamada así en honor a su abuela (cada una con su canción propia de Thin Lizzy). Más adelante nacería Cathleen y Phil se encontró en la encrucijada de ser un buen padre responsable y fiel, y como frontman de Thin Lizzy se veía además en la obligación de dar continuidad a su reputación de renegado y rockero de día y de noche…
En el vídeo de la preciosa canción que Phil le dedicó a su hija y que dejo a continuación no aparece la verdadera Sarah que era demasiado pequeña aún, pero sí que sale su esposa Caroline y, al final…, bueno el final es un punto a cargo del cachondo de Scott Gorham, no os lo perdáis:

El chico malo de la calle, poco más que un  pillo de barrio, se había convertido en responsable de la vida de 200 personas, lo cual, cómo no, le suponía una enorme presión y volvieron las drogas, pero en forma de sustancias mucho más peligrosas.
Aún así, a finales de los 70 y principios de los 80, Thin Lizzy y Phil Lynott, eran respetados hasta por las huestes punk, que renegaban de todo lo que oliera a gran banda de rock, tanto que incluso los mismísimos Sex Pistols solicitaron la colaboración de Phil y grabaron juntos bajo la efímera denominación The Greedies. Famosas y tremendas fueron las juergas y desmadres que Phil se corrió junto a Sid Vicious, y de aquellos barros estos lodos…

Durante unas grabaciones en Paris, Scott y Phil empezaron a chutarse heroína y el fin de Thin Lizzy se asomó al final de un túnel que parecía lejano, pero inexorable. Las ventas cayeron, los conciertos eran despedidas tristes y la banda se disolvió. Caroline se separó de Phil, llevándose a las niñas, y éste sin su familia y sin su banda, se sumió aún más en su personal pozo de desolación. A lo largo de sus dos últimos años, según cuenta su gran amigo Jim Fitzpatrick, Phil se fue vaciando poco a poco hasta que no quedó nada de aquel tipo culto y pendenciero, arrogante y tierno que nos dio tantos buenos momentos en forma de canciones perfectas e inolvidables.

Fue un cuatro de enero de 1986, tenía sólo 36 años y quién sabe cuántas canciones por escribir, pero ¿sabes? ¡Phil Lynott murió!


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4 comments

  1. ¡¡Muchas gracias Josué!! Habría mucho más que contar, sobre todo de su música, pero, como bien has dicho, se trata tan solo de eso: un humilde homenaje por mi parte a uno de mis músicos más admirados.

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