Roger, ¿es este el disco que realmente queremos?

Hoy hace justo dos semanas que Roger Waters sacó su último trabajo Is This the Life We Really Want?, por lo tanto, tras haberle dado ya unas cuantas vueltas, ha llegado el momento para opinar con cierta perspectiva. Y vaya por delante que me ha gustado, creo que es un buen disco y me gusta bastante. Evidentemente, no llega a lo que Roger consiguió con Pink Floyd, pero se le notan los largos años de práctica y su saber hacer. Por otra parte, este disco estará siendo, supongo, muy bien recibido por los acérrimos (¡¡mano en alto!!) de Pink Floyd, pero dudo que los más jóvenes y los no tan acérrimos lleguen a interesarse por él en profundidad, y eso a pesar de que probablemente sea su disco en solitario más accesible. Como siempre, muy centrado en las letras, en el mensaje, aunque sin descuidar la música, como es lógico. Un detalle a tener en cuenta es que el primer trabajo en solitario de Roger Waters en 25 años, sin tener en cuenta el petardazo de Ça Ira.

Presumiblemente, este nuevo disco es la excusa perfecta para lo que, según ha afirmado Roger, será su última gran gira, que pasará por Europa el año próximo (¡¡¡bien, bien bien!!!) y a la que espero asistir ya sea en España o los alrededores. En cuanto a las giras de Roger, no puedo hacer otra cosa más que recomendarlas, pues el espectáculo es impresionante y casi todo es Pink Floyd: en esta ocasión le acompaña una grandiosa recreación de la Battersea sobre la que Roger proyecta sus amarguras visuales y se despacha a gusto contra el mundo con su habitual mala leche, sobre todo contra Trump y sus políticas; supongo que el año que viene se le habrá acrecentado su ojeriza pues las tendencias del susodicho no parece que vayan a mejorar. Le ha salido tan bien la jugada que no tiene ni que actualizar las viejas letras de alguno de sus temas: la Mary Whitehouse (ha ha, charade you are) de Pigs – Three Different Ones, una política ultraconservadora de los 70, pasa a ser la Casa Blanca sin más, contra la que arremete sin piedad.

Pero no nos desviemos del tema, Is This the Life We Really Want?, de entrada, viene ‘avalado’ por la producción de Nigel Godrich, muy afamado por sus trabajos con Radiohead, U2 o Beck, lo cual se supone que es una inyección de savia nueva, aunque yo me pregunto si era necesario, pues los resultados se parecen muy mucho a lo que ya se había inventado el propio Roger en sus trabajos en solitario (voces, susurros, ruidos, golpes, radios de fondo…) y el sonido tampoco parece haber ganado demasiado con respecto a discos como Amused to Death o The Pros and Cons of Hitch Hiking. En fin, creo que hay más de firma de cara a las nuevas generaciones que interés de verdad en modificar un sonido con el que Waters se siente muy a gusto desde, por lo menos, 1979, bastante más allá incluso si nos acordamos del Ummagumma y su pieza: Several Species of Small Furry Animals Gathered Together in a Cave and Grooving with a Pict.

Los que crecimos con The Dark Side of the Moon y The Wall o The Final Cut, también estamos más que a gusto recuperando esos recuerdos sonoros en este disco: hay pasajes con auto-homenajes en los que se respiran partes de Animals, Wish You Were Here, The Wall…, de hecho, yo creo que Waters en solitario suena más a Pink Floyd que David Gilmour o Richard Wright, y lo digo admirativamente pues Roger no fue precisamente el músico de referencia de Pink Floyd, si no más bien su ideólogo, dejando que los otros se encargaran de la identidad sonora de la banda. Me atrevería a decir incluso que me gusta más  Is This the Life We Really Want? que Rattle That Lock y también que las giras de Waters tienen más espectacularidad que las del siempre más tímido David Gilmour, eso sí su guitarra y su voz son insustituibles y definitorias del sonido Floyd y ahí no llega Waters. Lo de siempre, una pena que no partieran peras.

Por supuesto, si el productor es de lujo, los músicos que le acompañan no lo son menos. Y es que, claro, ese aspecto también hay que cuidarlo y yo creo que Waters sigue siendo un maestro de la canción suave y atormentada, casi más que cantar, declama, grita, gime, susurra… pero lo hace bien y, además, le queda bien. Es cierto que los arreglos pomposos, a veces grandilocuentes, de Nigel Godrich ocultan o directamente suprimen los guitarrazos a los que nos tenía acostumbrados en sus trabajos en solitario y eso se echa en falta: ni Jeff Beck ni Eric Clapton aparecen por aquí esta vez, dita sea, aunque también puede ser una decisión consciente de Roger para alejarse del mega-guitarrista que siempre ha tenido al lado haciéndole sombra, no sé… Lo cierto es que la instrumentación es muy buena y que se ha hecho acompañar de un dúo de coristas magnífico: Jessica Wolfe y Holly Laessig, encargadas de suavizar o enfatizar los lamentos de Roger. El punto psicodélico, que lo hay,  ha quedado a cargo del guitarrista Jonathan Wilson, quien acompaña al propio Godrich a las seis cuerdas, mientras que del bajo se encarga Gus Seyffert, de los teclados Roger Joseph Manning, Jr.Lee Padroni, y de las baquetas Joey Waronker; todos músicos de probado prestigio y efectividad.

Otro punto muy importante en las creaciones de Waters son las letras. Ya se encargó de la gran mayoría de ellas con Pink Floyd y su larga experiencia le ha conferido dotes casi proféticas: Amused to Death es un inquietante reflejo de nuestra sociedad actual, idiotizada por las pantallas y la saturación de información, realizado hace 25 años con sorprendente clarividencia. En esta ocasión no deja de criticar el sistema y sus ramificaciones y se ensaña contra políticos y corruptos, amén de suplicar un poco de cordura para este desquiciado estilo de vida que nos consume con velocidad apocalíptica. Tampoco se corta a la hora de hacer autocrítica, o simplemente crítica (admitámoslo, siempre ha ido un poco de predicador), por elegir los líderes que elegimos, bajando los estándares de calidad hasta límites rufianescos.

Vale, no hay nada nuevo bajo el sol, Roger Waters ha tirado de experiencia y maletas y no ha sacado nada inesperado ni sorprendente; sigue con su estilo reflexivo y grave y es un trabajo que pide una escucha detenida, pero al final del disco me quedo con ganas de ponérmelo otra vez, satisfecho, y creo que eso es una de las mejores sensaciones que un disco puede dejar. Con lo cual, yo creo que sí, es el disco que queríamos Roger

Para terminar, hay una declaración que leí hace poco de Roger Waters a la revista Rolling Stone y que creo que resume bastante bien el sentir general de este disco y de su obra en general: “Sólo he escrito acerca de una cosa en mi vida, que es el hecho de que como seres humanos tenemos la responsabilidad de unos con otros”. Ahí queda eso.

Ah bueno, no todo iban a ser flores… la portada me sigue pareciendo bastante fea.

Si te ha gustado:

10 comments

  1. Todavía no le he pegado una escucha, pero una vez leída tu crítica, no voy a tardar mucho. Se agradece un disco con estas maneras, que a pesar de haber sido parido por una leyenda, continúe aportando valor y generando empatías musicales. Waters no deja indiferente a nadie, nunca lo ha hecho. Me alegra mucho que este disco te haya gustado tanto. A por él. Un abrazo, compiyogui.

    1. Pienso lo mismo que tú Fran: Waters es un tipo que suele causar polémica e incluso, creo yo, que la busca, debe estar en su manera de ser. Este disco me parece que está muy bien para lo que yo espero de él, claro, y si con mi ‘crítica’ te animas a escucharlo, pues me alegraré un montón… A ver si a ti te gusta igualmente…
      Un abrazo compañero!!!

  2. Estoy escuchando el disco mientras escribo, creo que ya comenté en otra entrada lo Pink Floyd que suena este disco. Ahora mismo voy por la mitad y a mí también me está gustando, especialmente el tema “Picture That”, que me parece una pasada; empieza como si fuera un tema de Pink Floyd, y luego tiene fases que me recuerda un poco al mejor Alan Parsons. Ahora me tengo que ir, así que dejo el resto de temas para una escucha más tranquila. Desde luego, con Gilmour a la guitarra estaríamos ante el nuevo disco de Pink Floyd. Un abrazo, Alex.

    1. Es lo de siempre con Waters y Gilmour: queremos que suenen a Pink Floyd y que se junten, pero ya es imposible, aunque no se puede descartar que alguna vez se reúnan puntualmente para una actuación o algo así. En Pompeya era un deseo de todos los presentes que apareciera el Roger con su bajo para marcarse un par de temas, pero no pudo ser…
      Es cierto que este disco me suena mucho al Pink Floyd de Waters de los últimos tiempos, es inevitable, y lo que dices de Alan Parsons tiene mucha lógica, pues yo creo que los dejes de la producción de TDSOTM dejaron marcado a Waters para el resto de sus carrera, y para bien además…
      En fin, me alegra que te guste, creo que es un buen disco.
      Un abrazo!!!

  3. Querido Alex:

    ay, qué difícil es esto cuando ya no distingues el hueso del tendón!!!.

    Claro que me gusta, claro que está bien hecho, claro que las letras son preciosamente hirientes, claro que los músicos son estupendos….
    Pero:
    1º Le sobran demasiados parafraseos de temas de Pink Floyd, demasiadas autocitas.. suena a algo como “eh!! eso se me ocurrió a mí, no a esos otros tres!!!”. A los setenta, pensé que se superaban estas cosas, pero veo que no. Error mío, porque si le pasa a Roger, no espero nada mucho mejor del resto de la humanidad. Niños y niñas, aprended la lección: la vejez no te hace mejor persona, si acaso tachad “mejor”.
    2º Lo comparamos con “The endless river?”…. Las autoreferencias al sonido Floyd me parecen más acertadas en el Endless, más naturales…Borbotean las notas al arrullo de la voz inocente por siempre de Gilmour cuando al fin aparece. Aunque este trabajo es más compacto, más matemático, más perfecto…pero las fracturas del Endless me parecen tan poéticas, tan humanas sin decirlo!!!. Aunque la matemática y la poesía son hermanas, a ciertos niveles.
    3º Sobre portadas, no he visto esta en tamaño vinilo, pero me la imagino y tiene su porte, con esos tachones cruzando el cartón plastificado (o quizás reciclado)… Mejor que la estampita pastichera del endless River, que le faltaba el unicornio cabalgando sobre el arco iris. El intelectual, sin duda, Roger.
    4º Rock? Ponemos “in the Flesh” en nuestras cabezas un segundito? y comparamos?. No tengo problema, no obstante, siempre me gustó Leonard Cohen.
    5º La comparación con “Rattle that lock” no sería justa con el bueno de David. Aunque esa voz-guitarra es antídoto a cualquier ataque que se intente perpetrar contra él…además ese sí es un disco de rock, y el rock nunca muere, como es sabido.

    Abrazos

    1. Que putada que aparezcas como anónimo porque me ha encantado lo que has escrito, supongo que eres Jake o Nostromo, ¿no?
      Bueno, en cualquier caso, totalmente de acuerdo en lo de los parafraseos de Pink Floyd, perdonable porque es quien es el que los usa, pero es evidente que se ha tirado a lo seguro; hay partes calcadas de Animals que no sé si serán incluso samplers… Y sí, yo creo que esa pelea de Roger contra el resto no la ha superado ni la superará jamás, de hecho en su nueva gira casi todo gira alrededor de Pink Floyd.
      También de acuerdo con la comparación con el Endless, normal cuando los artífices del ‘sonido Pink Floyd’ está en su gran mayoría en ese disco: siempre digo que Waters es el menos dotado musicalmente de los cuatro y que los que de verdad le dieron personalidad a su música fueron Gilmour y Wright: The Endless River tiene mucho más Floyd que este último disco de Waters, que también es cierto, retoma la ‘fórmula The Wall’, una vez más. Waters aportó otras cosas (también muy importantes) a la banda, pero no calidad y calidez musical, incluso hay muchas partes de bajo que en el estudio grabó David sin que eso haya trascendido (ni importado) demasiado. La música y las matemáticas están mucho más cerca de lo que puede parecer a simple vista, de hecho los silencios y las notas se reproducen a intervalos exactos, un número determinado de veces, con unos tempos medidos e igualmente exactos… Cuanta más matemática hay en la música, mejor nos entra, creo yo…
      La portada sigue sin gustarme, ya lo digo en la entrada, pero tampoco me gusta la del Endless, que es como bien dices, pastichera a más no poder, más bien cursi, le falta la frase de Coelho sobre impresionada jajjaja
      Efectivamente Waters fue el intelectual, el ideólogo de la banda, ahí sí que aportó…
      Voy terminando que cuando me pongo a hablar de Pink Floyd no paro. Por ahí he leído que Waters ha intentado emular a Cohen en este disco, como tú insinúas, aunque no se ha desviado mucho de lo que ha hecho en solitario en otras ocasiones: casi recita más que canta, le importa más el mensaje que la música, aunque tiene que servirse de ella, pues es su medio de expresión. Mejor así, zapatero a tus zapatos, porque cuando lo intentó con la ópera…
      David es un guitarrista de Blues, siempre lo fue, y su música es Rock, es uno de los emblemas del instrumento emblema del Rock, siendo así es muy difícil que haga algo mal, pero es cierto que sus discos en solitario pecan de ser algo aburridos, muy bellos y bien hechos (faltaría más, se basta él solito con su voz y su guitarra), pero quizá le falte el nervio, la mala leche de Waters…
      Lo de siempre: together we stand, divided we fall… Ellos mismos lo dijeron.
      Un abrazo!!!

  4. Ale, el anónimo es este viejo istar, amigo de la cerveza y el tabaco , que simplemente olvidó firmar. Abrazos

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