Quien es quien en Pink Floyd: Syd Barrett

Acerca de Pink Floyd y sus componentes hay mucha información en Internet, muchísima, pero en gran medida está replicada y repetida a partir de unas cuantas fuentes no tan abundantes. Es lo que suele pasar en la Red, que una vez que has escarbado un poco empiezas a encontrar una y otra vez la misma historia. Por eso, desde mi humilde posición de ‘estudioso’ de algunas de mis bandas favoritas, pretendo con esta serie de artículos, que comienzo hoy con mi banda de cabecera por excelencia, arrojar un poco más de luz acerca de sus historias y, sobre todo, del papel que jugaron (y juegan) sus componentes en su creación y desarrollo. No pretendo, ojo, ser un observador imparcial, lo que aquí escriba serán puras apreciaciones personales, eso sí, derivadas de años de lecturas y escuchas.

Syd Barrett

Y si comienzo la serie con Pink Floyd, es inevitable empezar hablando de Syd Barrett, fundador y alma de la banda durante su más breve y psicodélica etapa; para algunos, no pocos, la mejor encarnación de Pink Floyd, algo con lo que siempre he discrepado, sin despreciar para nada una obra especialísima y fascinante, nacida de una mente perturbada y genial. Pero de ahí a afirmar, como hace el periodista y crítico musical Julián Ruiz, que The Piper at the Gates of Dawn es el “gran álbum” de Pink Floyd, me parece un exceso de cariño hacia la figura de Syd, la verdad. Y eso que, como digo, me parece un disco buenísimo, fundamental, tan bueno que hasta varios años después y muchos experimentos musicales más o menos exitosos, no lograrían hacerle sombra con sus nuevas creaciones.

Para empezar, creo que Syd nunca estuvo tan loco para no saber lo que hacía, ni, para el caso, tan drogado como quisieron hacernos creer determinadas personas, ¿de dónde, si no, nacieron el magnífico The Piper at the Gates of Dawn y sus posteriores y meritorios trabajos en solitario? Vale que su caso se estudia como un claro exponente de la degradación a causa de la esquizofrenia y el abuso de drogas psicoactivas, pero mucho me temo que también hubo su punto de pose y de renuncia activa por parte de Syd hacia una situación que, ni acababa de entender, ni le gustaba para su creación primigenia. Y también hubo mucho aprovechado en su entorno que pretendió vivir al rebufo del ‘genio loco’, y procuró que su situación no variara.

Para ilustrar este punto me remito a un famoso vídeo conocido como el ‘primer viaje de Syd‘ en el que aparece un joven Barrett en un entorno campestre, las Gog Magog Hills de los alrededores de Cambridge, en lo que supuestamente es su primer contacto con el LSD. Al parecer, el autor de la grabación (cuya identidad es bastante confusa), dejó constancia de que un buen día Syd, totalmente serio y sabiendo lo que hacía, le pidió que cogiera la cámara y que lo llevara a las citadas colinas, un entorno donde iban con frecuencia los jóvenes de la zona, y allí se puso a hacer locuras y cabriolas mientras el otro recogía en película las pruebas de su primer ‘trip’, como para decirle al mundo lo ‘loco’ que estaba, como para anunciar lo que estaba por venir… Tras grabar unos minutos, Syd salió de su éxtasis, volvieron al coche, de nuevo Syd comportándose con normalidad, y eso fue todo. 

Tampoco voy a negar la enfermedad ni los excesos de Syd, por supuesto, ni que la demencia acabó con su prometedora carrera; lo que me gustaría destacar es que, aparte de su innegable dolencia mental, yo creo que Syd también quiso crear un personaje que protegiera su delicado equilibrio, que lo blindara frente al mundo, algo que evidentemente no consiguió. Su condena, auto impuesta, por permitirse unos breves años de fama y derroche fue vivir el resto de su vida recluido en un sótano, al margen del mundo.

En la historia de Syd también hay que tener muy claro que sus grandes y mejores amigos desde la infancia fueron sus compañeros de banda Roger Waters y David Gilmour. Como ya sabemos, tras la grabación del Piper, Syd se volvió cada vez más inestable y terminó por perder los papeles, casi logrando acabar con Pink Floyd, algo que evitó Roger Waters, con dolor de su corazón y convirtiéndose para los restos en el malo de la película; sambenito totalmente injusto, pues su única culpa fue creer en la criatura de su amigo, tener el valor suficiente para dar el ‘corte final’ y hacerla grande, pero de él, de Roger, hablaremos en el siguiente capítulo…
Syd y Roger
Lo que es innegable es que Syd es el punto convergente a partir del cual se desarrolla la historia de Pink Floyd y su huella, de mil maneras diferentes, estuvo siempre presente en la música y personalidad de la banda. Su legado fue breve y simple, nada que ver con los posteriores presupuestos floydianos, pero su presencia nunca los abandonó y, de hecho, se hizo millonario gracias a que Roger y, sobre todo, David, se ocuparon de que así fuera.

Los discos que siguieron al Piper, curiosamente, son los que menos influencia de Barrett tienen, pero una vez que Roger se acaba convirtiendo en el principal ideólogo del grupo y David consolida su puesto, la presencia de Syd se hace casi palpable. De hecho The Piper at the Gates of Dawn o A Saucerful of Secrets,vistos en perspectiva, son los discos menos floydianos, son, por supuesto, discos de Syd Barrett o muy directamente implicados con él.

Por otra parte, el legado de Syd queda más en la conciencia de Pink Floyd que, por suerte o por desgracia, en su música. Sus discos más vendidos (lo cual equivale a decir algunos de los discos más vendidos del mundo), hablan casi en exclusiva de Syd Barrett. Roger Waters, erigido por derecho propio en letrista oficial, grita una y otra vez al mundo su tormento personal por la pérdida del amigo de la infancia, de su infancia en sí, y David le acompaña a su manera, expresando su tristeza y su rabia a través de unas cuerdas de las que rara vez levanta la vista mientras toca, como paseando su vergüenza, cabizbajo, por los escenarios de todo el mundo y diciéndonos una y otra vez: sí, yo fui el sustituto, tuve que serlo…  

El fantasma de Syd es el protagonista de los momentos más grandiosos de la banda. Es el lúnatico que habla en la cabeza de Roger en The Dark Side of the Moon. Es la ausencia hecha música en Wish You Were Here. Es la rabia y frustración por la suciedad del mundo en Animals. Es la estrella del Rock destrozada de The Wall. Es la desolación y la desilusión de la edad adulta de The Final Cut. Es, por último, el barquero que navega entre las nubes, por fin liberado, de The Endless River, una metáfora final que David nos deja en el que será, definitivamente, el último disco de Pink Floyd

Tampoco podemos olvidar que la grandeza y calidad de Pink Floyd se hizo posible porque Syd no estuvo allí, no sabremos nunca que hubiera sido de unos Floyd con un Barrett al frente, lúcido y activo, pero seguro que no hubiera sido lo mismo.

La historia de Syd y Pink Floyd fue tan fugaz y luminosa que todavía deslumbra, nos deja siempre con esa incertidumbre de la que hablaba antes y nos asombra el genio del entrañable Syd, ese niño-joven superado por su fama y su locura, encerrado en vida y separado voluntariamente de un éxito que quizá nunca buscó, pero que lo convirtió en prisionero de un pasado mítico. 
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4 comments

  1. Creo que un blog no puede ser objetivo; no es más que un diario, una bitácora del que lo escribe, es más yo diría que lo deseable es que no sea objetivo, más allá de los datos que por si solos ya lo son. Eso nos permite a todos opinar y mantener vivo nuestro intelecto. Muy sugerente el tema de los límites de la locura y más en los años setenta, donde estas fronteras estaban aún más difusas; en cualquier caso, creo que siempre hemos estado necesitados de genios, de gente singular, de pensadores y creadores. Y hoy día, con el aborregamiento en el que vivimos, aún más. El legado más interesante, y el que más perdura, es aquel que deja una huella indeleble en nuestros artistas e intelectuales, ese tipo de influencia invisible, que no es evidente pero que lo impregna todo. Creo que lo has explicado a la perfección; Pink Floyd fue otra cosa sin Syd Barret pero su impronta quedó impresa, aunque fuera con tinta invisible, en la hoja de ruta de este grupo. Me ha parecido una entrada muy buena, sugerente, reflexiva y muy bien escrita ¡Enhorabuena, Alex! Saludos.

  2. ¡¡Muchísimas gracias Raúl!! Te aseguro que valoro muy mucho este comentario, tanto por su interesante contenido, como por venir de quien viene.
    En efecto, la objetividad no es deseable, ni siquiera recomendable, en un blog 'personal' creado precisamente para opinar acerca de lo que el autor desea. En mi caso, y en esta serie de artículos en concreto, mi objetivo es destacar las aportaciones mas significativas de cada miembro de la banda tal y como yo las he ido entendiendo, despegándome de los datos objetivos de fechas, nacimientos, conciertos, sucesos, publicaciones de discos, etc.
    La impronta de Syd en Pink Floyd fue definitiva y definitoria; como bien dices, fue la mente genial que disparó los presupuestos de lo que podría haber quedado como una banda más de tantas que nacieron y murieron sin pena ni gloria en aquellos intensos días del Swinging London. Menos mal que tuvieron a Syd, a pesar de lo que el pobre se dejó en el camino: es un sacrificio que deberíamos agradecer todos los amantes de su música.
    De nuevo gracias por tu elogioso comentario, Raúl, me da ánimo y fuerzas para seguir con esto…

  3. Genial articulo el que presentas, últimamente estoy acercándome a estos personajes tan carismáticos y perturbados como lo fueron Jin Morrisson o Brian Willson….
    En todos los grupos tiene que haber siempre mente frías como la del mismísimo Paul McCartney que sean capaces de no perderse en ese camino de baldosas amarillas….

  4. Hola Vidal. A los que nos gusta el Rock es normal que nos atraigan esos personajes carismáticos y perturbados, como tan bien los has descrito, que nos fascinan y que crearon un poso de leyenda en toda esta movida… Y claro, sin mentes frías que lleven adelante un proyecto, pues una banda de Rock es algo así, no hubiéramos tenido Beatles, Floyd, Rollings…
    Gracias por pasarte y comentar. Saludos

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