Los Habitantes de las Canciones VII: Sultans of Swing – Dire Straits

Me la sé de memoria, de pe a pa, de principio a fin; es una de esas canciones que (de momento) no me canso de escuchar y cantar (que los Dioses me perdonen) ‘acompañando’ a la guitarra al inigualable Mark Knopfler. Mi primera vez sería, qué sé yo, a principios de los 80, un par de años después de que saliera al mercado el disco en el que está incluida esta maravilla, a la sazón, el primero de Dire Straits. Y ya entonces, me puso los pelos de punta… Con los años, logré aprenderme la letra y desde entonces no puedo evitar cantarla cada vez que la escucho. Se da la circunstancia, además, de que era de las pocas canciones de Rock que se ponían en discotecas en los años 80, de modo que cada vez que el DJ de turno se dignaba a pincharla (mejor si era la versión del Alchemy, claro), saltábamos todos a la pista a airear nuestras guitarras. Una gozada.

Como decía, apareció en el primer disco de los siempre grandes Dire Straits y pasa por ser la mejor canción que grabaron, aunque eso es discutible frente a temazos como Telegraph Road o Tunnel of Love, por ejemplo. Sí que es verdad que la versión en directo recogida en el doble Alchemy, con ese espectacular solo final, es realmente maravillosa. En cualquier caso una grandísima canción que, claro, da vida a algunos habitantes que me permito recrear desde mi personal punto de vista.

Los Sultanes

Caminando por el sur de Londres, cerca del río, una lluviosa tarde de marzo, me topé con un viejo garito de Jazz del que salían,apagados en parte por una gruesa puerta de madera, unos deliciosos acordes de piano que inmediatamente me recordaron al viejo sur de mis Estados Unidos. Sin pensarlo, entré en el local y decidí que no me vendría mal una buena pinta de cerveza mientras, ya en toda su plenitud sonora, la excelente música penetraba en mi conciencia.

A pesar de la hora, mi reloj se acercaba a las nueve de la noche, y de que era viernes no había demasiada gente en el pub y tampoco parecía que se fuera a llenar más tarde. También es cierto que, en aquellos días, la competencia era dura y no resultaba sencillo hacerse un sitio entre la multitud de escenarios de un Londres atestado de buenas bandas. “Increíble”, pensé, “en pocos sitios he escuchado tocar así el saxo”: el tipo que soplaba era prodigioso, potente y delicado como un pura sangre al trote, pero con una audacia inmensa para alargar las notas y hacerlas hablar. La gente que ya estaba allí parecía saber lo que esos músicos se traían entre manos y lo estaban disfrutando: aunque quizá era la banda la que de verdad estaba gozando con la música que estaban interpretando: daba la impresión que trataban de seducirse unos a otros con sus instrumentos.

El guitarrista, George, como supe más tarde que se llamaba, era tremendo. Se sacaba acordes increíbles de la nada y los envolvía con un ritmo apabullante, dejándolos fluir sobre la base rítmica de la exigua pero contundente batería con un estilo que haría palidecer a más de alguna estrella de la guitarra ya consagrada; y eso que no hacía alardes ni solos que hicieran cantar o llorar el viejo trasto que tenía en las manos, la única que se podía permitir con su precario sueldo, según me confesó luego.

Harry, el pianista, marcaba un endiablado ritmo Honky-Tonk mirando al público, como si nada, disfrutando de la noche del viernes después de una semana de duro trabajo, desgranando melodías intensas y calientes, ácidas como el café y fuertes como el ron. Sabiendo que sus compañeros no lo iban a dejar atrás. Un grandioso espectáculo que los jóvenes de la acera de enfrente, enfundados en sus anchos pantalones marrones y sus zapatos de plataforma, engominados los tupés,  se estaban perdiendo: todo lo que sonara a trompetas no era rock and roll, nada que fuera de interés para ellos.

Cuando me quise dar cuenta la medianoche se acercaba y la actuación de aquellos genios se terminaría, al igual que mi cuarta (o quizá quinta) pinta de cerveza. “Tengo que saber algo más de ellos”, me dije, “los voy a hacer grandes”. En aquel momento el tema que estaban tocando llegó a su fin y el guitarrista se acercó al micro con intención de despedirse: “¡Gracias y buenas noches! Ya es hora de irse a casa.” Antes de darse la vuelta del todo, pareció pensárselo mejor y añadió rápidamente una cosa más: “Somos los Sultanes, los Sultanes del Swing”.

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9 comments

  1. Este tema creo que es el preferido de la sección “Las Cinco Canciones de tu Vida” de mi blog, tres amigos lo han elegido entre esas cinco canciones especiales, esos temas en los que están presentes los recuerdos de una época en la que, como dices, canciones así podían escucharse en las discotecas. Si en lugar de 5 canciones hubiésemos elegido 10, seguro que muchos más la habríamos elegido. Ha sido todo un acierto incluir este clásico entre “tus habitantes”, sólo decirte que tu texto esta a la altura de la canción. Un abrazo.

    1. Muchas gracias por tus elogios Raúl, te aseguro que sientan muy bien jejjeje
      Este tema es raro que no guste, aunque siempre hay bichos raros por ahí, como cierto amigo mío sevillano que de vez en cuando se pasa por aquí, que nunca han soportado a los Dires; pero vamos, son eso, bichos raros jajjaja
      Un abrazo!!!

  2. Que letra mas chula. Es como una cancion de Dylan, en la diccion y en el tono de la voz mezclada con un sonido revolucionado a lo JJ Cale. Una de las joyas del rock de todos los tiempos. Aunque sea rock puro considero que tiene mucho swing.

    1. Es verdad, eso siempre me ha llamado la atención de esta canción: que siendo puro Rock, quiera ser Swing, quizá una contradicción de los propios gustos y deseos de Knopfler, quién sabe… En cualquier caso, una joya, como bien dices.
      Saludos

  3. Ya sabes lo que me gusta esta sección, pero la entrada de Sultans me ha llegado especialmente. Con Dire Straits tuve una extraña historia de amor en mi infancia y adolescencia pues yo ya me las daba de heavy y no podía reconocer lo que me llegaba a gustar esa banda. Ese postureo me hacía renegar de unos de los guitarristas que mas me gusta porque cómo iba a ser mejor que el tamdem Murray/Smith? Pasando a otro disco… recuerdo cuando en Tocata estrenaron el video de Money for nothing, anunciado como el primer clip hecho por ordenador! Hoy lo ves y hace bueno a Tron!!! Y sobre la canción de tu historia no puedo ilustrarlo mejor que contando que cuando la escuché por primera vez, al menos conscientemente, estaba con mi primera novia en un garito “romántico”… y que me olvidé de la chica al llegar el solo!!! Un abrazo!!! Wassail!!!

  4. Bueno, he aquí otro de los temazos de mi infancia. Además, creo que hasta la he llegado a tocar con la batería en algún que otro ensayo con alguna banda hace años. Esta música tiene mucha clase, elegante y perfecta. No hay más. Un abrazote, Alex 🙂

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