LOS HABITANTES DE LAS CANCIONES VI: Sleeping on the Sidewalk – Queen

Muchos de los que seguís este blog ya sabéis que Queen son una de mis bandas favoritas, sobre todo hasta The Game. News of the World, de 1977, quizá no sea de mis favoritos entre los favoritos, pero creo que es un gran disco, sobre todo si nos olvidamos un poco del comienzo con las ya más que machadas We Will Rock You y We Are the Champions… Aunque estoy bastante seguro de que Freddie hubiera disfrutado un montón del enorme éxito de esos dos temas. Al margen de ellos, este disco encierra canciones extraordinarias con unos Queen que todavía, para mi gusto, estaban en estado de gracia aunque habían abandonado la maravillosa complejidad de sus creaciones anteriores y comenzaban a transitar una senda más comercial. Sleeping on the Sidewalk, mi protagonista de hoy, es un tema con una esencia muy rockera (muchos entroncan sus influencias con los primeros Beatles), compuesto y cantado en su totalidad por Brian May. Dicen que Kurt Cobain escuchaba este tema obsesivamente encerrado en su coche, puede que si o puede que no, pero lo cierto es que es una canción elegante y divertida que Brian borda de principio a fin y de la que, según el mismo confesó, se utilizó para el disco la primera toma grabada de un tirón.

El Trompetista

Su nombre da igual, pues ya se olvidó. Durante unos años vivió en la cima del éxito, esa montaña que solo unos pocos escalan, y que él bajó tan repentinamente como la subió… Así de pérfida es la fama pasajera, un día eres el amo del mundo y al siguiente no tienes donde caerte muerto.

Era el típico chaval de ciudad, de un barrio obrero, ni muy rico ni muy pobre. Hijo único, más tolerado que deseado, sus padres se preocupaban lo justo de que tuviera un plato en la mesa y poco más. Su tío le regaló una vieja trompeta cuando cumplió cinco años y le dio unas cuantas nociones de cómo se tocaba el instrumento, que pronto se convirtió en su único juguete y, con los años, en su principal sustento.

Nadie sabe muy bien por qué, acabó viviendo en la calle, tocando su vieja trompeta para sobrevivir. En una entrevista posterior a que la fama lo tomara por sorpresa, aseguró que durante aquellos años que pasó durmiendo en las aceras y pasando hambre, siempre tuvo claro que no volvería a casa.

Un buen día, una enorme limusina paró frente a la esquina donde solía tocar la trompeta por unas cuantas monedas que los transeúntes dejaban en un plato, del tremendo coche se bajó un tipo trajeado luciendo una enorme sonrisa y le invito a subir, diciéndole que su manera de tocar era magnífica, asombrosa, que llevaba días y días escuchándole y que todo saldría bien si subía a aquel coche. “¡¡Qué demonios!!”, pensó el chico, “no tengo nada que perder”.

Le llevaron a un estudio de grabación y allí, ante varios tipos más, le pidieron que tocara. Y él lo hizo lo mejor que supo. Los ejecutivos se miraron entre sí y sus sonrisas se ensancharon como las bocas de los tiburones. El primer disco no se hizo esperar y escaló posiciones como un misil tierra-aire.

Así nació la leyenda del Jazz que todos conocimos. Todos querían escucharle y sus conciertos llenaban las mejores salas de todo el mundo. Los días de la calle quedaron atrás y se convirtió en un hombre rico y respetado que nunca volvió a su casa, donde tampoco le esperaron jamás. Fueron buenos tiempos, diría más tarde, tiempos en los que todo fue como en las películas: mujeres, champán, drogas, fiestas y dinero a raudales. Ahí podría haber parado el cuento, pero las vidas reales no suelen ser cuentos de hadas…

Y lo que pasó es que la moda le barrió. El sonido de su trompeta ahora resultaba anticuado y nadie lo quería en sus discos. En vez de llover champán, empezaron a llover deudas que ni siquiera sabía que tenía. Los amigos se esfumaron y las mujeres lo despreciaron.

“No pasa nada”, se dijo, “meteos vuestras modas por el culo”, les dijo, “mi vida soy yo y la carretera que tengo por delante”, nos dijo. Y volvió a las calles que le vieron nacer, y a la esquina donde aprendió a tocar, y a pasar hambre otra vez y, ahora sí, hubiera deseado volver a casa.

A veces me dejo caer por esa esquina, le escucho tocar y tengo la sensación de que la sangre en las venas se me licua, las notas que salen de su trompeta son como pájaros de fuego que me sobrevuelan o delicadas mariposas que se posan en mis manos. Invariablemente, dejo un billete entre las monedas y él me mira con complicidad, sabiendo que sé quién fue; suele mover levemente la cabeza de lado a lado y, con un suspiro, se lleva la trompeta a los labios otra vez.

 

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8 comments

  1. ¡Qué historia más buena! Me ha recordado un poco a la que se cuenta en “New Kid in Town”, de Eagles, el otro día preparaba una entrada sobre esta canción, que habla sobre lo efímero de la fama y del éxito en el mundo de la música, sobre lo sencillo que resulta sustituir a alguien por un producto musical nuevo. En cuanto a la parte musical, tiene un aire rocanrolero, incluso blusero, que me encanta; además, al no estar cantada por Freddie no parece ni que sea de Queen, una joya escondida de los ingleses. Un abrazo, Alex.

    1. Siempre digo que Queen son una banda casi desconocida para el gran público, que cree conocerla por sus grandes éxitos (¡¡tan populares!!) y que se pierde muchas, pero que muchas, grandísimas canciones ‘ocultas’ en su discografía y sepultadas por mega hits que, en muchos casos si no en la mayoría, no alcanzan la calidad de sus compañeras de discos.
      La historia es un clásico entre las bandas de Rock, pues yo creo que todos han temido en algún momento que su estrella se apagara y lo cierto es que es más habitual que la fama se vaya diluyendo con el tiempo que permanezca por décadas, como si le sucedió a Queen.
      Un abrazo Raúl!!!

    1. De hecho es una sección que me va dando muchas satisfacciones, aunque solo sea porque me gusta escribir esas pequeñas historias. Por supuesto, me encanta que te guste Hermano!!!
      Un abrazo!!!

  2. Soy de los que me puedo incluir entre los que no conocemos a Queen, solo sé de su “parte famosa”, no he profundizado más, pero me ha gustado ese sonido blusero y prometo dedicarle alguna tarde. ¡Es que hay tanto por escuchar!
    Lo del trompetista me ha despistado un poco al principio, no conocía esa “paranoia” tuya (porque lo de The Punk Rocker tiene que serlo) y me han divertido. Es más, tengo un violinista, de Rumanía o por ahí, por la acera de casa que toca como los ángeles, o a mí me lo parece, le prestaré más atención.
    Saludos Alex

    1. Pues de verdad que no debes dejarte ir la ‘parte oculta’ de Queen, Nostromo, te estás perdiendo cosas maravillosas de una de las mejores bandas de Rock de todos los tiempos, o al menos así me lo parece a mí, claro… Llevas razón en que hay tanto por escuchar que hay que acabar discriminando unas cosas en favor de otras, al menos no podemos quejarnos de que se nos terminen los ‘deberes’ jajjaja
      Hay veces que los músicos callejeros son diamantes en bruto, eso es verdad, y que alguno saltó a la fama desde la calle como cuentan Queen en esa canción… Atento a ese violinista no sea que te haga millonario jajjaja
      Un saludo!!!

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