La misteriosa historia de Philip Taylor Kramer

En realidad, la historia que os voy a contar hoy no tiene demasiado que ver con el Rock, salvo que su protagonista, Philip Taylor Kramer, fue bajista de Iron Butterfly, los creadores del himno del Acid Rock, In-A-Gadda-Da-Vida, allá por 1968 (por cierto, uno de los primeros CD’s que compré). Kramer ingresó en la banda en 1974, cuando de la formación original ya quedaba más bien poco y participó en los discos Scorching Beauty y Sun and Steel, ambos bastante decepcionantes; de modo que, visto que el grupo estaba ‘listo de papeles’, decidió volver a la universidad para continuar sus estudios y  terminar su licenciatura en Ingeniería Aeroespacial, lo que le llevaría con el tiempo a trabajar en una empresa contratada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para conformar el sistema de guía de los misiles MX, determinantes en la estrategia militar del entonces presidente Reagan en plena Guerra Fría.

Llegados los 90, el ahora llamado Taylor Kramer (después de su aventura rockera se quitó el Philip), fundaría la empresa  Total Multimedia Inc. junto a Randy Jackson (hermano de Michael Jackson, otra conexión musical más), con la que entraría de lleno en el mundo de la informática y desarrollaría las bases de lo que hoy conocemos como fibra óptica y la compresión de datos: según ellos mismos fueron los primeros en comprimir un vídeo en 1992. Estaba en el momento álgido de su carrera, reconocido profesionalmente y tenido por sus compañeros como un visionario, cuando decidió dar un giro a su carrera y dedicarse a algo a lo que su padre, profesor de Física y responsable del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Youngstown State University, había dedicado más de 30 años: descubrir un método de transmitir o enviar información a través de las llamadas ondas gravitacionales, o lo que es lo mismo, demostrar que la teoría de la relatividad de Einstein estaba equivocada.

Su teoría debería desembocar en un proyecto de transmisión de datos que superaría la velocidad de la luz y que podrían llevar a la humanidad a obtener avances gigantescos en el campo de las comunicaciones. Estaba tan convencido de que ello era posible y de demostrarlo matemáticamente, o eso afirmaba él, que durante las dos semanas anteriores al 12 de febrero de 1995 prácticamente no durmió y su habitual carácter afable sufrió una notable transformación, volviéndose errático y paranoide, llegando a afirmar en más de una ocasión que estaba siendo vigilado por ‘los otros’.

Aquel 12 de febrero por la mañana, Taylor Kramer se dirigió al aeropuerto de Los Angeles a recoger a un colega y su esposa, pero no llegó a presentarse. Es seguro que estuvo en el aeropuerto pues hay grabaciones que así lo atestiguan en las que se le ve en el parking del mismo. Pero algo debió suceder en aquel intervalo pues, además de faltar a su cita, hizo una serie de llamadas bastante desconcertantes.

Primero llamó a Jennifer, su esposa, para encargarle que le dijera a su colega que lo recogería una hora después en un hotel de la ciudad y que tenía “una sorpresa para ella”. También llamó a Ron Bushy, compañero de los viejos tiempos de Iron Butterfly, para declararle que lo quería “más que a la vida misma” y colgar acto seguido. Luego volvió a llamar a su mujer para decirle que estaría con ella “pasara lo que pasase”. Al parecer siguió haciendo llamadas a compañeros y amigos, según muchos de ellos sonando alterado y nervioso, siempre diciendo que “ellos estaban al otro lado” y que “lo perseguían”. Para terminar con esta sucesión de llamadas, marcó el 911 en una autopista y, según quedó registrado, dijo: “This is Philip Taylor Kramer; I’m going to kill myself” (Soy Philip Taylor Kramer, me voy a suicidar).

Y después nada. Se pierde su pista y comienza una búsqueda que terminaría, con muchas cuestiones en el aire, el 29 de mayo de 1999, cuatro años después, con el hallazgo en el Cañón Decker por parte de unos excursionistas de una  Ford Aerostar del 93 con un cadáver dentro que, posteriormente, sería identificado por sus piezas dentales como el de Taylor Kramer. Nadie de su entorno esperaba una acción suicida por parte de un amigo, esposo y padre feliz y entregado. Muchas sospechas. Más aún cuando, tiempo atrás, Kramer le dijo a su padre:  “Papá, si alguna vez os llamo y os digo que me voy a suicidar, no me creáis, estaré necesitando ayuda”.

A día de hoy, mucha gente se pregunta si realmente se suicidó o si este brillante científico fue asesinado porque estaba a punto de dar a conocer un descubrimiento que transformaría la manera de comunicarnos y cambiaría las metas y proyectos de muchas grandes corporaciones, interesadas en continuar la línea de investigaciones seguidas hasta entonces. Probablemente nunca lo sepamos.

 

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4 comments

    1. Hola Anselmo!! ¡¡Me alegra mucho verte por aquí!!
      Todo muy raro alrededor de este caso, muy, efectivamente, conspiranoico. Y lo peor es que no se ha vuelto a saber nada más…
      Un abrazo!!!

  1. Coloque aquí la música de los X-Files.
    No conocía esta historia, pero me gustan las historias de bajistas (por lo general pasan inadvertidos).
    Justo vengo de leer la novela de Carl Sagan “Contacto”, puede ser que el muchacho aún esté viajando en el tiempo a través de un agujero de gusano y vuelva en cualquier momento a la Tierra para hacer sonar sus gruesas cuatro cuerdas
    La banda la conocía en los noventas por el episodio de Los Simpsons en que la canción se canta en la iglesia.
    Abrazo!

  2. ¡Qué historia más inquietante! Lo mismo volvió a tomar alguna de esas sustancias, tan habituales de su época en Iron Butterfly, para mantenerse a pleno rendimiento y se volvió un conspiranoico, o realmente molestó a alguien con mucho poder. Pues me parece una historia perfecta para un episodio de “Black Mirror”, o de “Expediente X”, como dice Frodo. Un abrazo, Alex.

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