La improbable trilogía de Roger Waters

De Pink Floyd lo tengo todo. O casi todo. Además de la discografía oficial completa, mi discoteca cuenta con las versiones Immersion de The Dark Side of the Moon y Wish You Were Here. También manejo algunas decenas de piratas, bootlegs, ROIO’s o como queráis llamarlos, en definitiva, conciertos grabados mejor o peor que circulan de coleccionista en coleccionista desde hace años y que Internet ha sacado a la luz por cientos.
Bueno, el caso es que también tengo todo lo que han sacado los componentes de Pink Floyd en solitario y hace un tiempo, escuchando el disco de Roger Waters, The Pros and Cons of Hitch Hicking, me di cuenta de que me gustaba más de lo que yo creía. Nunca me había parecido un disco demasiado bueno, pero caramba, de pronto me cambió el chip y empecé a apreciarlo más y más… De tal manera que un buen día pensé que ese disco más The WallThe Final Cut podrían conformar una trilogía watersiana bastante plausible, y veréis por qué.
Rog
En principio remontémonos hasta julio del 77, cuando Roger, autoerigido en líder, presenta a sus compañeros de banda dos proyectos en fase demo que había desarrollado para grabar con Pink Floyd. Uno se llamaba Bricks in the Wall y el otro The Pros and Cons of Hitch Hicking. Ambos nacían de las obsesiones personales de Roger Waters y todos sabemos cual fue el proyecto que acabó viendo la luz bajo la bandera floydiana.
De momento dejamos aparcado The Pros and Cons y nos centramos en la publicación de The Wall en 1979, uno de los más ambiciosos proyectos de unos Pink Floyd que, en aquellos momentos, lideraba clara y férreamente Roger Waters, para disgusto de David Gilmour y, sobre todo, Richard Wright; a la postre el único que sacó algo de dinero de la monstruosa gira de The Wall de 1980 al estar oficialmente fuera de la banda, tan solo contratado como músico de sesión.
The Wall Tour 1980
Con todo, The Wall se convertiría en uno de los discos más vendidos y reconocibles de la banda, en un hito en las mega producciones musicales y en una película muy interesante y bien realizada. Pero más que nada es un reflejo muy intenso de la personalidad y de los miedos y obsesiones de su principal creador y redactor, Roger Waters.
No nos engañemos: The Wall NO es un disco de Pink Floyd como los anteriores, es el principio de un intento de asalto al poder de Roger Waters que, al final, no tuvo éxito pero que dejó su clarísima impronta en este disco y el siguiente.
The Wall nació del escupitajo que Waters le propinó a un fan durante la gira del Animals, harto de la presión a que estaban sometidos por el éxito. Horrorizado por su acto, se paró a analizar qué le había llevado hasta ese punto y descubrió que la vida le había ido colocando, ladrillo a ladrillo, un muro de miedos, obsesiones, fracasos sentimentales, drogas, educación, etc., que le aislaba emocionalmente. Un gran concepto para una gran obra conceptual, válgame la redundancia.
The Wall
Pero acerca de The Wall hablaremos más profundamente en otra ocasión, ahora sigamos la trayectoria de Waters y Pink Floyd. Y para eso volemos hasta 1983 cuando sale a la luz el siguiente disco de Roger… digo de Pink Floyd, The Final Cut.
Un trabajo en el que, abundando en los males de su maltrecho ego, Roger Waters hace de las suyas de nuevo y crea un disco en el que repasa (casi con fruición malsana) lo que supuso para él la muerte de su padre en la II Guerra Mundial y, de paso, los males de la guerra en general, dándole bastante cera a Margaret Thatcher y a varios de los líderes políticos del momento. Musicalmente podemos decir que es un trabajo de Waters con la colaboración de Gilmour y Mason, que arranca de las sobras de The Wall
The Final Cut
Creyendo que el proyecto Floyd era ya enteramente suyo, Waters tuvo la arrogancia de querer finiquitarlo sin contar con las opiniones de sus compañeros. De hecho, llamó al disco El Corte Final y decidió unilateralmente que Pink Floyd se había acabado, iniciando una de las desavenencias más famosas y largas del mundo del Rock. Ruptura que terminó en el festival Live 8 del 2005 y que, en aquellos momentos, nos hacía creer en el milagro de la ansiada reunión, hecho que ya jamás podrá producirse debido a la muerte de Rick Wright.
Pero sigamos, con la tercera y última parte de esta trilogía que me he inventado a costa de Mr. Waters.
Considerando que Pink Floyd ya no existían para él, decide recuperar su proyecto paralelo a The Wall y publica The Pros and Cons of Hitch Hicking en 1984 como disco, ya sí, en solitario y donde de nuevo están presentes sus amargados y escabrosos sentimientos, aunque algo alejados de los presupuestos de los otros dos discos, esta vez expresados en forma de sueños a lo largo de una noche. Yo creo que probablemente se decidió a sacarlo sabiendo que ya sería muy difícil retomarlo con sus ex-compañeros.
The Pros and Cons of Hitch Hiking
Pero para cerrar el círculo, hay algo que debemos recordar y es que este disco se proyectó pensando en Pink Floyd, y por lo tanto podemos decir que en él yacen las últimas cenizas de los Pink Floyd de la era puramente Waters, aunque en manos de otros músicos, entre ellos Eric Clapton.
Por eso hablo de trilogía, que aunque improbable, se puede mantener en pie. Y si no escuchad los tres discos seguidos, veréis como se aprecian numerosas similitudes musicales y conceptuales, además de disfrutar de tres grandes trabajos.
Por otra parte, entre esta trilogía, el primer disco de David Gilmour en solitario y el Wet Dream de Richard Wright, podemos apreciar con bastante claridad lo que cada uno de ellos aportaba a Pink Floyd.
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