En recuerdo de Greg Lake y Keith Emerson: revisión de Tarkus

Hoy, 10 de noviembre, hubiera sido el cumpleaños de uno de esos músicos que sin ser demasiado conocidos para el gran público, dejaron una huella imborrable en la historia del Rock: Greg Lake, miembro fundador de King Crimson, Emerson, Lake and Palmer y Asia, tres grandes bandas del Rock Progresivo-Sinfónico.  Pero es que hace unos días, el día 2 en concreto, también hubiera celebrado su cumpleaños Keith Emerson… Se da la triste casualidad de que ambos murieron hace alrededor de un año y he preferido celebrar sus nacimientos este mes que recordar sus muertes. Para ello he recurrido a una reseña que escribí hace unos años para Sinfomusic del que, para mí, es uno de sus discos más emblemáticos: Tarkus de EL&P.

La maldición del segundo disco

Muchas de las grandes bandas de rock de todos los tiempos han sufrido la ‘maldición del segundo disco’. A saber, tras un primer disco de gran éxito “aclamado por crítica y público” (y perdón por el topicazo), la banda en cuestión se enfrenta con un dilema: ofrecer más de lo mismo y asegurar el éxito en la medida de lo posible o arriesgar y tratar de no encasillarse ampliando sus perspectivas futuras y a la vez gustar al público. Sin duda una difícil situación. Este segundo disco maldito puede servir incluso para que, con un bagaje de audiencia ya asegurada, el grupo se permita presentar algo epatante que redefina su sonido y lo consolide para siempre.

Algo así les pasó a ELP en 1971 cuando presentaron su segundo disco, Tarkus. La súper banda, cuyos talentos individuales eran ya de sobra conocidos por el público progresivo, venía de cosechar un gran éxito con su primer trabajo y (ni ellos se pudieron librar de la maldición), para el segundo se enfrentaron entre sí y ante sus posibilidades musicales para ofrecer una obra que los consolidara como el gran grupo que sus genios individuales prometían y que definiera las peculiaridades y fortalezas de su sonido.

Y se puede decir que ELP se libraron de la maldición con una facilidad pasmosa y a base de un antídoto mágico y maravilloso llamado Tarkus.

Como tantos otros discos de la época, Tarkus fue concebido para el vinilo. El formato que reinó hasta los años 90 definió, entre otras cosas, la manera en que los artistas concebían sus obras, sobre todo porque les limitaba temporalmente y les forzaba a expresarse en un minutaje muy concreto, aspecto en unos casos positivo y en otros negativo, dejémoslo ahí.

En mi caso, Tarkus y vinilo son inconcebibles el uno sin el otro. Siempre que pienso en este disco lo hago en términos de cara A y cara B. Me pasa lo mismo con otros grandes discos, como Wish You Were Here, y, sin embargo, con otros que en su día escuché hasta la saciedad en vinilo, me he acostumbrado a la perfección a la reproducción continua del CD.

Pero vayamos al grano. El disco comienza con la suite progresivo-sinfónica Tarkus, más de 20 minutos divididos en 7 partes, que eclipsa en gran medida la cara B, es decir, el resto de temas que en su formato original en vinilo ocupaban la otra mitad del plástico y que, sin desmerecer, no están a la altura de la suite.

La canción refleja la historia del gigantesco carro de combate-armadillo llamado Tarkus, pero también es un alegato contra la guerra y la violencia.

Escuchémoslo en vinilo: saquemos el disco de su funda, pasémosle una suave gamuza para quitarle el siempre presente polvillo que descansa en su brillante y rallada superficie, subamos la aguja, pinchemos en ese primer espacio amplio antes del surco y dejemos que se deslice suavemente…

1.- TARKUS (Emerson, Lake)

I. Eruption. (0:00 – 2:43, Emerson) Es el principio. Unos misteriosos coros, emulados por los teclados del genial Emerson comienzan creando una atmósfera de tensión y expectación hasta que la canción ‘rompe’ y entran en escena Lake y Palmer con un apabullante ritmo, intenso y repetitivo. De nuevo, el Hammond de Emerson se va superponiendo para crear una melodía que cabalga sobre un  impresionante bajo. Tarkus ha nacido de un huevo que ha expulsado un volcán en erupción.

El gigantesco tanque-armadillo barrita un canto victorioso y épico a los cuatro vientos proclamando su hegemonía y desafía a todas las criaturas de su universo. Es su grito de guerra. Es el momento en que el órgano de Emerson traza esa melodía tan característica de la suite, que es uno de los fragmentos más reconocibles de la misma. Es impresionante la fuerza descriptiva y evocadora de esa frase musical, al menos para mí. No puedo evitar pensar en grandes bestias siempre que la oigo: elefantes, ballenas, dinosaurios…

Siguen los teclados de Emerson haciendo verdaderas diabluras con una destreza y virtuosismo que serán las marcas de fábrica de ELP para los siguientes trabajos de la banda, y que en Tarkus se llevan gran parte del protagonismo. Sin desmerecer, por supuesto ni mucho menos, las labores de los otros dos integrantes. Ahora el ritmo se relaja un poco y comienza la segunda parte de la suite.

II. Stones of Years. (2:43 – 6:27, Emerson, Lake) Momento para que la cálida y maravillosa voz de Greg Lake cobre protagonismo y cante los primeros pasajes vocales. Mientras, en segundo plano, la línea de bajo acompaña en la melodía a la voz, los teclados de Emerson siguen elucubrando con ligeros toques aquí y allá y la batería desarrolla unas figuras destinadas a asombrar a muchos profesionales del instrumento durante años. Sencillamente sublime.

Por su parte, Tarkus ha destruido con sus mortíferas torretas de cañones una criatura cibernética que parece ser una construcción futurista. Y entre pasaje vocal y pasaje vocal, Keith no para de producir maravillosas melodías y sonidos con el Hammond, el Moog y el resto de su impresionante equipamiento de teclados.

El título de esta parte se debe a la reflexión que canta Lake: Have you walked on the stones of years? / When you speak, is it you that hears? / Are your ears full? / You can’t hear anything at all. Y que podría traducirse como: ¿Has caminado por las Piedras de los Años? / Cuando hablas, ¿eres tú lo qué oyes? / ¿Están tus oídos saturados? / No puedes oír nada al fin y al cabo.

III. Iconoclast. (6:27 – 7:42, Emerson) El comienzo de esta parte viene marcado por un trepidante ritmo de batería al que se van superponiendo diversas capas de teclados, mientras el bajo de Lake hace la función de cohesionador del conjunto. Un momento netamente progresivo, por instantes minimalista, con unos dramáticos y geniales cambios de ritmo, que se suceden a lo largo de toda la pieza, pero que en este momento cobran especial relevancia.

¿Y qué hace nuestro amigo el súper armadillo Tarkus? En estos momentos ha librado una batalla con otro de sus enemigos: una especie de terodáctilo de metal que muerde el polvo hecho un amasijo de hierros. Las agresivas torretas de Tarkus están en plena forma.

IV. Mass. (7:42 – 10:53, Emerson, Lake) Estamos en el ecuador del tema. Entran en escena las guitarras con una melodía menos dramática, más asequible y rockera. Y de nuevo la voz de Lake cobra protagonismo, esta vez más dinámica y alegre, que de nuevo deja paso a los teclados de Emerson. Tengo que recalcar aquí una vez más la excelente labor del bajo de Lake que acompaña a las barrocas texturas que guitarras y teclados van creando de manera magistral. Y de fondo la batería de Palmer que parece perderse en un redoble sin fin. Es un espectáculo auditivo impresionante y magnífico.

Mientras, Tarkus se enfrenta ahora a una especie de saltamontes-cafetera muy bien armado con misiles, pero de nuevo el enemigo cae ente nuestro armadillo sin muchos problemas para este último.

V. Manticore. (10:53 – 12:45, Emerson) La batería de Palmer se lanza a un ritmo desenfrenado y una vez más el bajo de Lake se arroja en su persecución, implacable. Los teclados de Emerson dan el contrapunto preciso para representar la aparición del antagonista perfecto de Tarkus: Manticore. Es una sucesión de vertiginosos duelos instrumentales que acaban en un orgiástico final cerrado por una batería de toque extraterrestre.

Tarkus contempla ahora a su terrible siguiente enemigo: el Manticore una bestia depredadora mitológica con cuerpo de león, cabeza de algo parecido a un ser humano, cola de escorpión venenoso y tres filas de afilados dientes en una pavorosa boca. Según el historiador griego Ctesias, el Manticore vivía en el subcontinente Indio. Su nombre viene del persa “mandkhora” o “maneater”. El monstruo acechaba en los bosques buscando personas. Al encontrarse con un humano, el Manticore disparaba una andanada de dardos a la víctima, que moría al instante. Esta desafortunada persona era devorada por completo, incluso huesos y ropa, y también se desvanecían las posesiones que llevara encima.

VI. Battlefield. (12:45 – 16:36, Lake) El dramatismo se acentúa. Los teclados de Emerson tocan una melodía suntuosa y solemne. Y de nuevo aparece una guitarra en manos de Lake que subraya aún más la emoción de la situación con unas notas largas y agónicas. La voz de Greg entra de nuevo en escena para denunciar los desafueros e iniquidades de las guerras y la violencia. ¡Qué maravillosa voz!

Esta parte tiene un magnífico solo de guitarra con toques que a mí me recuerdan un poco a las maneras de David Gilmour por esa forma de alargar las notas e imprimirles sensibilidad y pasión.

La batalla de Tarkus y el Manticore ha sido terrible y desesperada. Por fin el armadillo blindado ha encontrado la horma de su zapato y el Manticore ha logrado clavar su peligroso aguijón en el ojo de Tarkus.

VII. Aquatarkus. (16:36 – 20:35, Emerson) El órgano de Emerson nos introduce en solitario en esta última parte. Pero pronto se le unen bajo y batería para entonar todos una especie de marcha militar que los redobles de Palmer se encargan de subrayar.

Los lamentos de los teclados nos hacen casi visualizar el sufrimiento de Tarkus que agoniza en el lecho de un río, finalmente vencido, cada vez más débil, hasta que su voz se apaga, se aleja, se pierde… … …

Pero no amigos, lo que parecía el final del gigantesco armadillo se ha convertido en un resurgimiento, su voz vuelve a sonar alta y clara y barrita desafiante de nuevo envuelto en su asombroso poder. El monstruo de la guerra nunca muere. Los teclados de Emerson vuelven a entonar el mismo cántico con el que el armadillo nacía y la canción se desvanece en una coda magistral y épica.

En este momento resulta difícil darle la vuelta al disco. Si la escucha se hace en CD, no está de más darle al pause. La intensidad de este tema merece unos instantes de reposo para la completa asimilación de la avalancha sónica que se nos ha venido encima. Respiremos un poco. Ahora seguimos…

2.- Jeremy Bender (Emerson, Lake)

Después del trallazo impresionante de Tarkus, resulta difícil enfrentarse a este tema tan diferente, tan alejado en sus presupuestos y orientación… ¿Son la misma banda, en el mismo disco? Pues en efecto, son los mismísimos Emerson, Lake & Palmer, pero ‘desengrasando’, por decirlo de algún modo.

Jeremy es una divertida y estimulante pieza, como de cabaret o de saloon del oeste americano. Desde luego no hay más que fijarse, de nuevo, en los teclados para reconocer el genio de Emerson. Bajo y batería cumplen su función sin grandes alardes y la voz de Lake es, simplemente, perfecta y adecuada a la ocasión.

‘Frivolidades’ como esta o Are you ready Eddy?, servían a la banda para contrarrestar el peso de sus composiciones más definitorias.

3.- Bitches Cristal (Emerson, Lake)

Aún sin tener el peso de Tarkus, este tema sí que suena a ELP netamente. Teclados y batería entran en una explosiva dinámica jazzística, con elegantes y dinámicas creaciones de Emerson que Palmer responde con gran solvencia y eficacia. De nuevo la labor de Greg en bajo y voz es increíble, haciendo de elemento de cohesión ante las creativas ‘locuras’ de sus dos compañeros.

Sin duda un buen tema que tiene la desgracia de estar, como el resto de sus compañeros de disco, en el mismo paquete que Tarkus.

4.- The Only Way (hymn) (Emerson, Lake)

Hemos entrado en una catedral y un solemne órgano nos recibe. Un tema muy sinfónico con adaptaciones de Bach, algo que sería habitual en las composiciones de ELP. La voz de Lake se eleva divinamente sobre las texturas musicales creadas por Emerson, incluso con toques que recuerdan a la música barroca.

Tras esa intro, el tema cambia bastante y se torna bastante jazzero, con un trabajo bastante bueno de Mr. Lake a la voz. La letra de este tema es más bien de corte místico-religioso, y en ella se preguntan, por ejemplo, cómo pudo Dios perder 8 millones de judíos, en una clara referencia al Holocausto.

5.- Infinite Space (conclusion) (Emerson, Palmer)

Sin solución de continuidad entramos en el siguiente tema. Un instrumental que de nuevo se adentra en terrenos bastante jazzísticos en el que Lake y Palmer son guiados por los teclados de Emerson que son los protagonistas absolutos en esta ocasión. Una canción bastante sobria y correcta.

6.- A Time And A Place (Emerson, Lake, Palmer)

Es un tema más cercano al rock o al blues, más rabioso que los anteriores y con Greg Lake elevando más el tono que en, prácticamente, todo el resto del disco. Desde luego Emerson se desquita aquí un rato con el Hammond dando, una vez más, una lección de cómo se toca un teclado.

7.- Are You Ready Eddy? (Emerson, Lake, Palmer)

El tema que cierra el disco es un rock&roll al más puro estilo de los 50 al que, eso sí, Emerson le imprime un carácter particular con sus espectaculares pillerías con la teclas. El tema está dedicado al productor e ingeniero Eddie Offord, que trabajó con bastantes bandas progresivas, como los propios ELP (en este y otros discos) o Yes.

El tema acaba con Palmer gritando Ham or cheese!!?? (Jamón o queso!!??), al parecer los únicos sandwichwes que servían en la cafetería de los estudios Advision, donde trabajaba Eddie Offord. Una manera peculiar de terminar un gran disco, eso sí, bastante desequilibrado entre ambas caras, si me permitís hablar hasta el final como si de un vinilo se tratara.

 

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4 comments

  1. Hermano, me ha venido el olor a Vinilo al leer tu crónica! Excelente, como siempre. De los E.L.P. no conozco gran cosa aunque es cierto que ese poco que me llegó me gusta. Le daré una oportunidad a Tarkus en mi cavernícola mente! Un abrazo!

  2. Este artículo es una pasada, Alex, prácticamente no se puede añadir nada más; me acuerdo de haberlo leído cuando publiqué mi entrada sobre la suite “Tarkus”. La portada del disco, así como la historia que se cuenta, como si fuera un cómic, fue dibujada por el artista escocés William Neal a petición de Keith Emerson; es otro detalle que hace de “Tarkus” una obra que brille más en vinilo que en cd, como bien comentas. En mi entrada comentaba que, a pesar de que “Tarkus” es un monumento a los teclados, omnipresentes en toda la suite instrumental, hay partes de esta pieza donde brillan los tres miembros del grupo, como el movimiento titulado “Manticore”, uno de mis preferidos, en el que se puede disfrutar de un espectacular duelo entre los teclados, el bajo y la batería, dando la sensación de una cabalgada épica verdaderamente alucinante. Una pasada de disco, con el que ELP consolidaron su estilo. Un abrazo.

  3. Lastima de grupo, lo que prometían y lo poco que duraron. Recuerdo pasar horas oyendo este disco y mirando los dibujos. La cara dos siempre me chocó mucho con su “una de cal y otra de arena”.

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