El Rock de los estadios

Mañana hará una semana que estuve viendo a Iron Maiden en el Metropolitano de Madrid, el único concierto que los británicos han ofrecido en España y el primero en un gran estadio en nuestro país. Como habéis podido comprobar no me precipité a escribir una crónica de lo que vi y escuché justo después del espectáculo, ¿y sabéis por qué? Pues por qué ya estaba todo dicho de antemano. A ver, los Maiden hicieron lo que se suponía que tenían que hacer: el sonido fue, a pie de escenario, atronador y bastante limpio; el espectáculo visual impresionante y la música, la que todos esperábamos… Genial, ¿verdad? Pues sí; es más, yo me lo pasé muy bien y conocí a un montón de gente, pero…

…Pero creo que estamos perdiendo el norte. Nos tragamos lo que nos echen y nos quedamos tan contentos. Esa es la triste sensación que me queda tras un concierto de esas magnitudes, y este no ha sido el primero que me deja ese regusto amargo. Nos han convertido en rockeros domingueros. Acudimos en masa, aborregados, a un redil en el que nos tratan como a ganado y, encima, nos cobran a precio de oro la comida y la bebida, mientras nos endosan una función en la que no cabe ni la más mínima improvisación o cierta ‘naturalidad’. Me da la sensación que ir a tal o cual concierto se ha convertido en una pose más para luego poder subir la foto o el video a las redes sociales.

Y conste que no culpo a mis queridos Iron Maiden, ni mucho menos, ellos hicieron como ya he dicho (y muy bien, por cierto) lo que tenían que hacer. De hecho no sé quién tiene la culpa, aunque gran parte me la atribuyo a mí mismo como público por permitir que hayamos llegado a estos extremos. Sencillamente, creo que estos conciertos tan multitudinarios no contribuyen a engrandecer al Rock ni a su público. Ya les sucedió a Pink Foyd (y supongo que a otras muchas bandas, pero este es el caso que mejor conozco) cuando pasaron de tocar para pequeñas y atentas audiencias a tener que enfrentarse a estadios llenos en los que gran parte del sentido de su música y su puesta en escena se perdía entre el barullo de una multitud que, en gran parte, ha ido a escuchar los dos o tres temas que conocían de la radio. De ahí a colocar un ‘muro’ entre el público y ellos no tardaron demasiado.

Es la sensación de que te están exprimiendo la que molesta de verdad. Y mucha culpa de esto (vamos a ir repartiendo) la tienen las grandes promotoras que no son más que exprimideras a gran escala de músicos y público: han encontrado un filón y lo están explotando antes de que se agote, caiga quien caiga en el camino. Lo malo que en ese camino se han topado con el Rock y lo están despojando de todo su sentido primigenio a costa de sacarle todo el jugo comercial posible.

Por otra parte, si trato de ponerme en la situación de Bruce Dickinson o Steve Harris, también entiendo que lo que ellos tienen enfrente cuando se suben a un escenario es una enorme masa amorfa de desconocidos que, si pudiéramos, seguramente trataríamos de demostrarles nuestro cariño de tal manera que acabarían destrozados, y lo digo literalmente. Con la mejor intención sí, pero la masa es la masa y mejor mantenerla vigilada y controlada. Y para ello está la seguridad de los estadios y recintos varios que suelen ser auténticos perros de presa que no hacen distinciones a la hora de tratar a la gente: todos somos potenciales problemas a los que hay que manipular con mano dura.

Y al final, después del concierto, con los oídos todavía pitándote, cuando te subes a un vagón de Metro en el que te empaquetan de nuevo como a ganado sin la más mínima consideración y vigilado por los de seguridad de la EMT, piensas si no hubiera sido mejor esperar a que salga el DVD del concierto y disfrutarlo cómodamente en casa con una birra fresquita (y barata) en la mano, apreciando de verdad los detalles que en un estadio a 200 metros del escenario son imposibles, como es lógico, de percibir.

O también puede ser que ya esté demasiado viejo como para andar botando en conciertos de bandas cuyos miembros son ya abuelos… Lo cierto es que en este caso ambos, yo como público y los músicos, hemos envejecido juntos y, quizá, no hayamos sabido evolucionar de la misma manera. Pues eso, que me hago mayor…

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11 comments

  1. El otro día estuvo una amiga en el Mad Cool, me acuerdo que le comenté que yo ya no tenía edad para esos festejos, en los que no estoy muy seguro de que se vaya a escuchar música. Tropecientos escenarios simultáneos, grupos saliendo a tocar de día, con todo el calor, cervezas en vaso de plástico a cinco euros, cubatas a ocho y bandas que dicen que no tocan porque se escucha lo del escenario de al lado. Estos festivales son a la música lo que los centros comerciales a las tiendas tradicionales, unos monstruos en los que no se sabe muy bien a qué se va. Y estos eventos, como el que estuviste el otro día, tratan de copiar este modelo: te damos lo que nos da la gana, todo muy bien envuelto y tratando de buscar el negocio en cualquier esquina. Como el negocio del disco lo han perdido ahora tratan de recuperarlo así, pero no aprenden del cuento de la gallina de los huevos de oro; ya sucedió con los discos y, si siguen así, volverán a cargarse el negocio a fuerza de tanto apretar. Un abrazo, Alex.

    1. Definitivamente, NO se va a escuchar música: no digo que no sea divertido ir a este tipo de festivales, pero realmente la música es una excusa para echar un rato de juerga. Has hecho una muy buena comparación Raúl: los macroconciertos son como un gran centro comercial en los que, además de ir de compras, se hacen un montón de cosas que no tienen nada que ver con comprar algo de calidad… Y también creo que llevas razón en lo que se van a cargar el negocio: al final acabaremos todos dándonos cuenta de la mierda que están tratando de vendernos y, lógicamente, acabaremos dejando de acudir.
      Muchas gracias por tu, como siempre, sabia y razonada opinión Raúl.
      Un abrazo!!!

  2. Jajajaja! Hermano! Estaba escribiendo posiblemente el mejor comentario que he hecho en un blog de mi triste historia y el ordenador ha decidido volver atrás y pasar de mis palabras! jajajaja! Tal vez sea algún tipo de Firewall que tengan instaladas las estrellas de la música y que detengan a cualquier matao como yo que cuestione sus méritos! No lo digo por los Maiden! No voy a repetir lo que escribí, pero solo diré que creo que, efectivamente, nuestro nivel de exigencia con las estrella no se ha reducido… HA DESAPARECIDO! Independientemente de como lo hagan hablaremos maravillas, pagaremos lo que pidan por dejarnos ir a verles (bueno, tras 1.000.000 de brazos móvil en alto), nos compraremos el abono para cualquier macro festival donde toquen y acabaremos diciendo: “ya se sabe… JANDEMORE son JANDEMORE”. Luego ellos tal vez se lo han currado, o tal vez no, pero total… a quien le importa ya?

    Un abrazo! Wassail!!!

    1. ¡¡Sé de qué me hablas Hermano!! Me ha pasado en más de una ocasión: tanto es así que como vea que me voy extendiendo en un comentario y me está quedando más o menos bien, hago un ctrl+c de vez en cuando para no perderlo del todo. De todas formas, siento mucho que ese comentario haya volado al cielo de los comentarios perdidos jajjaja
      Jajjajaja yo mismo lo he dicho en la entrada: los Maiden son los Maiden!!! Esta entrada también viene a cuento de una crítica que leí tras este concierto en el que un chaval decía algo parecido a lo que yo he escrito aunque más crítico con la actuación de la banda y no veas como se le echaron encima!!!
      Y lo de tener que grabar el concierto de cabo a rabo no tiene nombre!!! Vale que te lleves unas fotos y un par de videos, pero no el 95% de la actuación para subirla a Youtube y que se aprecie una mierda!!!
      Un abrazo!! Wassail!!!

  3. …touché Alex….has bordado la entrada….no se puede decir mas claro…..
    ..lo que me toca mas la fibra sensible de los Macros es lo que comentas de la gente que va a oir las tres canciones k escucha en “”Rock”” Fm o que va a acompañar (y que están en todo su derecho), y que mientras esperan a que llegué el Still Loving You de turno o el Highway to Hell se ponen al día con el/la colega de sus problemas diarios….particularmente es eso, el no parar de hablar en los conciertos es lo que mas me molesta, un mal que parece que es muy de éstas tierras por lo que le escuche en un concierto al músico Frances-Chileno-Mexicano, Adanowsky, que en España no paramos de hablar y de no hacer ni puto caso a lo que pasa en escena…..en fin…..nos vemos en Jerez…eso será otra cosa…creo..

    1. Sin duda, lo de Jerez será otra cosa… Ya de entrada, Latimer and Co, piden a los asistentes que no den mucha guerra con los móviles y sean respetuosos con los músicos, y el público va con otras intenciones: estaremos sentados y escuchando y, espero, sin hablar demasiado durante el concierto. Desde luego, cuando los vimos en Londres fue una gozada, espero que aquí sea parecido.
      Rock dominguero, así le digo a lo de los que van al concierto a corear los éxitos de turno jajjaja
      Un abrazo Manu!!!

  4. Imaginate todo eso llevado a la desorganización que suele haber en los suburbios del mundo (por lo general afuera de los estadios)
    Pero como por acá estamos acostumbrados, nos dedicamos a pagar lo que sea y disfrutar, para quejarnos tenemos la política mundial, y además nunca sabemo cuando pueden llegar a volver por culis mundi las bandas internacionales.

    Abrazo!

    1. Eso es cierto también: si sólo tienes una oportunidad de ver a la banda que sea en directo, pues es difícil decir que no, pero de eso se valen los promotores: saben que al final iremos, sean cuales sean las condiciones y los precios que nos pidan… Lo de Maiden fue escandaloso en cuanto a precios: un litro de cerveza a 10 euros y los bocatas (que literalmente parecían flautas de pan con un asomo de relleno), de 8 eruos para arriba, un abuso por parte de quien sabe que tiene un público cautivo…
      Un abrazo!!!

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