David Gilmour en el Royal Albert Hall (2/10/2015)

Hace ahora justo una semana estaba paseando por las calles de Londres, aprovechando el tiempo para hacer algo de turismo mientras se acercaba la hora del acontecimiento que desde hacía meses tenía señalado en rojo en mi agenda: el concierto del 2 de octubre de David Gilmour en el Royal Albert Hall, enmarcado en la gira mundial de presentación de su cuarto álbum en solitario, Rattle That Lock. Y como prometí hablar de mis impresiones, aquí estoy, saldando mi deuda…

A las puertas del Royal...

Ver en directo a David Gilmour, sin duda uno de mis músicos favoritos, era ya de por sí todo un acontecimiento, pero hacerlo en el Royal  Albert Hall tenía un significado especial: no en vano es uno de los escenarios donde más veces tocaron Pink Floyd. De hecho, el primer concierto de David con ellos fue en 1969 en esa misma sala y consiguieron que les fuera prohibido volver de por vida ya que hicieron estallar una gran bomba de humo rosa en plena actuación. Obviamente, la prohibición se les levantó a los pocos años al convertirse en una de las bandas más influyentes del panorama musical londinense. 


El Royal Albert Hall es una pasada. Es enorme (caben casi 6.000 almas) y cuenta con un montón de bares y restaurantes (carísimos, como todo en Londres), pero a la vez se maneja muy bien y es sencillo encontrar los sitios donde debes sentarte. Lo cierto es que estuvimos bastante alejados del escenario así que no vimos muy de cerca a los músicos, pero el sonido fue absolutamente espectacular, atronador pero luminoso y claro. Como también lo fueron los efectos luminosos, centrados, como no podía ser de otra forma, en Mr. Screen, la gran pantalla circular habitual en los shows de Pink Floyd.

En cuanto al setlist, no hubo sorpresas, tocó siete de los diez temas de su último disco (un trabajo bastante meritorio que, a mi al menos, sin emocionarme mucho, ha terminado por gustarme bastante), dos más de su carrera en solitario (On an Island y The Blue), otras dos de su etapa en Pink Floyd sin Waters (High Hopes y Sorrow), dos de los primeros años de Floyd (Astronomy Domine y Fat Old Sun) y, por supuesto, las más esperadas, ocho de los temas de los años dorados de la banda (Wish You Were Here, Money, Us and Them, Shine On You Crazy Diamond, Run Like Hell, Time, Breathe y Comfortably Numb). Un setlist que contentó a todos, pero que obtuvo los más encendidos aplausos con los grandes clásicos.


También hay que destacar que el estado de forma de David es envidiable a sus 69 tacos. Sigue tocando la guitarra de manera magistral, imprimiendo un sentimiento a sus evoluciones que han marcado una manera única de entender el instrumento. También nos deleitó con su buen hacer al slide y, como pero, aunque en general estuvo también muy bien cantando, en algún momento se le notó algo ronco cuando tenía que subir demasiado en la escala. 

Por otra parte, los músicos que le acompañaron tocaron como se puede esperar de los acompañantes de una leyenda viva del Rock. Fueron Phil Manzanera (guitarra y voz), Jon Carin (teclados, guitarra, voz), Guy Pratt (bajo y voz), Kevin McAlea (teclados), Steve DiStanislao (batería), Joao De Macedo Mello (saxo), Bryan Chambers y Louise Clare Marshall (coros).

En definitiva, un grandísimo concierto en el que el protagonismo central corrió a cargo del inimitable sonido de la guitarra de David Gilmour y que tuvo, cómo no, su indiscutible y añorado sabor floydiano.

Y ahora llegan las inevitables comparaciones. Si Roger Waters se ha dedicado en los últimos años a montar espectáculos monumentales, David se ha centrado en ofrecer conciertos más íntimos y escasos. Y lo cierto es que los de Waters no se pueden comparar visualmente con la parquedad con la que David defendió su puesta en escena, pero este tiene en su haber un arma muy potente: una capacidad musical a la que el viejo Rog no llega ni de lejos. Escuchar la guitarra de David es escuchar a Pink Floyd. Ver a Roger sobre el escenario es ver a Pink Floyd. Que pena que no hayan sabido juntar ambas capacidades, al menos, una vez más…

De nuevo todos los seguidores debemos hacerles el firme reproche de no haber consentido una reunión que hubiera sido memorable y que, al menos yo lo siento así, nos debían después de todo lo que Pink Floyd les ha dado. 
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4 comments

  1. ¡Qué razón tienes cuando dices que escuchar a Gilmour es escuchar a Pink Floyd! Es uno de esos guitarristas con personalidad, con una manera de tocar que les diferencia de otros y no le hacen falta grandes virguerías para llegar a la gente. De la puesta en escena de Waters he oído hablar pero, lamentablemente, nunca les he visto, ni por separado ni con Pink Floyd. Te puedes sentir afortunado de haber presenciado ese concierto, además en un lugar tan importante para la música, y de que Gilmour haya tocado tantos y tan buenos temas de Pink Floyd; guardar el equilibrio entre lo que pide la gente y la propia obra en solitario debe ser algo bien difícil de gestionar para las grandes estrellas. A ver si se unen, aunque sea solo para hacer una última gira, quién sabe, a lo mejor aún me daba tiempo a verlos … Saludos, Alex.

  2. Pues sí Raúl, escuchar a Gilmour es casi casi como escuchar a Pink Floyd, pero las que monta Waters… Yo lo he visto tres veces y tres veces que me he ido a casa pensando que estuve en el concierto más espectacular de mi vida, porque si el montaje para el Dark Side fue maravilloso, con el de The Wall se te caían al suelo los mismísimos!!! Por eso me da tanta rabia que no hayan tenido la capacidad de unir fuerzas para dar a los seguidores lo que, yo creo, nos merecemos; al fin y al cabo, los hemos hecho multimillonarios…
    Lo malo es que, aunque se juntaran, ya nos faltaría uno, y tampoco sería lo mismo.
    Pero bueno, como bien dices, me siento afortunado por haberlos visto, a Waters y a Gilmour, a cada cual con su montaje y sus particularidades, y además todas las veces en la mejor compañía.
    Saludos Raúl

  3. Coincido en la crítica que haces del concierto de David Gilmour pues, como bien sabes, también estuve en ese inolvidable concierto. Al sonido de su guitarra hay que añadir su voz, también única y preciosa; ambas te transportan al viejo y confortable sonido Pink. Sólo por eso, por vivirlo en directo, merece la pena llegar hasta allí… También con la mejor compañía.

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